Mauricio Obregón

Mauricio Obregón

Biografia tomadas de El Tiempo http://www.eltiempo.com

Por sobre todo, Mauricio Obregón fue un hombre inquieto. Navegante de los mares y los aires, escudriñó las alturas espaciales y las profundidades de las aguas. Recorrió las rutas de los grandes descubridores, desde los argonautas y los polinesios hasta Colón, Magallanes y Elcano. Y escribió sobre estos viajes y sobre sus propias experiencias. Pero no se quedó en eso. Fue fundador de la Universidad de los Andes hace cincuenta años, institución de la cual fue posteriormente rector, y se desempeñó como editor de la revista Semana en sus primeras épocas. Asimismo, estudió ingeniería aeronáutica y arquitectura en las universidades de Oxford, MIT y Harvard. Antes de su fallecimiento, hacía parte de los consejos directivos de las universidades de Harvard y de los Andes y se dedicaba a la docencia en ambas. Su preocupación por la educación era inmensa.

Mauricio Obregón, quien en una tarea titánica, investigada y fructífera fundó la Aeronáutica Civil de Colombia hace 50 años largos, le hará falta no solamente a su familia sino a las instituciones a las cuales se vinculó entrañablemente, al mundo de las aventuras y de la cultura, a los mares de este frágil planeta llamado Tierra, y a Cartagena y su Museo Naval, que logró se construyera luchando, como buen navegante, contra viento y marea. También a la literatura, porque era un gran escritor, ameno e interesante.

Obregón, fabricante de sueños

Su bitácora está llena de aventuras en el aire, en el mar y en la tierra. Sus pasiones y experiencias quedarán para siempre en las páginas de sus diez libros y en la memoria de sus amigos.
Volando a ras del mar en pequeñas avionetas y navegando en botes de vela, transcurrieron varios años de su vida, la cual se inició en Barcelona (España) por una simple casualidad del destino.
Su padre Mauricio Obregón Arjona, diplomático colombiano, había llegado a la ciudad catalana durante la primera década del siglo. Y allí, en el bulevar de Las Ramblas y en las calles sin esquinas, Mauricio Obregón vivió gran parte de su infancia.
Luego, obedeciendo a sus sueños, partió rumbo a Estados Unidos en donde estudió ingeniería, ingeniería aeronáutica y arquitectura, en las universidades de Oxford, Massachusetts Institute of Technologies (MIT) y Harvard, respectivamente.
Y con los cartones que lo acreditaban apto para construir sueños en el aire, encontró su primer empleo: ingeniero de vuelos de prueba en la compañía Grumman Aircraft en Nueva York en donde se inició en las aventuras y recibió su doctorado como gestor de proyectos.
Uno de estos fue la creación de la empresa de aviación Lansa, la cual fundó con un grupo de amigos barranquilleros. El mismo piloteó uno de los aparatos que la empresa adquirió en Canadá, llevando en su bolsillo la primera licencia de piloto comercial que se ha expedido en Colombia.
Luego se dedicó a construir aeropuertos a lo largo y ancho del país.
Paralelamente, esculcaba archivos de cualquier parte del mundo, en busca de las rutas que recorrieron los argonautas, Odiseo, los polinesios, los vikingos, Magallanes y Colón, para reconstruirlas centímetro a centímetro, y volverlas a recorrer, convirtiéndose en un viejo amigo de los mares del mundo.
Los viajes de Colón, su antecesor, los hizo en una réplica exacta de una de las carabelas del descubridor.
Cuando por algunas temporadas decidió colgar su traje de capitán, ocupó importantes cargos como la embajada de Colombia en Caracas (Venezuela) y la de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington. También, la rectoría de la Universidad de los Andes, la edición de la revista Semana, la dirección de la Aeronáutica Civil, una silla en el consejo de la Universidad de Harvard y la dirección de expediciones de arqueología submarina en Jamaica y Colombia.
Todas estas oficinas, manejadas con la sabiduría y solvencia con la que conducía sus aviones y veleros, estaban repletas de mapas de Asia elaborados por orden del Imperio Chino, libros de oceanografía y arqueología submarina, ollas de la cultura indígena Tairona, reproducciones en madera y cobre de algunos instrumentos de navegación utilizados por Colón, y fotos en blanco y negro de sus padres y del resto de su familia. También lo acompañaba un retrato del almirante Samuel E. Morison, uno de sus mejores amigos y con quien compartió múltiples aventuras.
Gracias a él, Colombia tiene un récord mundial de velocidad en avioneta, Cartagena uno de los Museos Navales más completos del mundo y el mundo, el testimonio más valioso de un maestro de la vida, la navegación y el aire. Sus historias quedaron registradas en diez libros escritos por él.
 

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